
Dijo Jorge Luis Borges sobre Martin Fierro:
“Me acusan de calumniar a esta obra pero no es verdad. Martín Fierro no es nadie cuando nace. Ese personaje genérico pasa a ser vivido en la literatura argentina. Se puede decir de él que es un héroe o un pendenciero de pulpería.”…”No nos ha hecho ningún bien a los argentinos el haber elegido como prototipo al Martín Fierro. ¡Ojalá hubiéramos tomado para identificarnos al Facundo de Sarmiento!”
Con alguna frecuencia se oye decir y-lo que es aún peor- se ve escrito que "a Borges no le gustaba el Martín Fierro ". Es probable que quienes emiten ese juicio no hayan prestado a las palabras de Borges la atención que siempre merece el mayúsculo escritor: es decir, la atención total. También es posible que le atribuyan a Borges las palabras que a ellos les agradaría oír.
Es necesario distinguir cuidadosamente entre las reservas que Borges tiene hacia el personaje Martín Fierro y la devoción que siente hacia la obra literaria Martín Fierro . Con ligereza (tal vez deliberada) se confunden ambos conceptos y no hay ninguna razón para que esto ocurra. Trataré de explicar cómo se origina y se desarrolla esa confusión.
Lo cierto es que a Borges lo seducían, sobre todas las cosas, la inteligencia y los productos que derivan de ella: el ingenio, el humor, el punto de vista sorprendente, la creación de inesperadas asociaciones de ideas en apariencia incompatibles, la rapidez mental, la paradoja, la polisemia, etcétera. Y Macedonio, que poseía en altísimo grado el don de la inteligencia, sustentaba en aquella época, entre tantos otros, un juicio que acaso dejó caer como al pasar, sin darle ninguna importancia, pero que Borges, de avidez insaciable, asimiló, hizo suyo y, de acuerdo con su proverbial costumbre, desarrolló, afinó y pulió hasta el extremo de presentarlo como una suerte de verdad inconcusa: la mala índole psicológica, el mal ejemplo ético, del personaje Martín Fierro.
0 comentarios:
Publicar un comentario